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Relato erótico: A-mar

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La última vez que fuimos a la playa fue cuando empezamos a salir, después de eso ya han pasado dos años. El trabajo, los compromisos, la falta de dinero muchas veces y la falta de coordinación de nuestras agendas nos tenía el viaje aplazado una y otra vez.
Por fin la espera había terminado, ya estábamos aquí, en Cartagena. El olor a mar y arena acariciaban nuestra piel y el agua rozaba nuestros pies.
Ya era tarde, al menos para pasar un día en la playa, el viaje había sido largo y llegamos con ganas de, al menos, mojar los pies en el mar.
El sonido de las olas nos sedujo y poco a poco fuimos entrando al mar. Primero hasta la rodilla, después hasta la cadera, luego hasta el pecho; cuando nos dimos cuenta ya todo nuestro cuerpo estaba dentro y era demasiado tarde para seguir justificando nuestra inserción en el mar a esas horas. Eran las 5 de la tarde aproximadamente.
Nos abrazamos con ternura, un abrazo que dio paso a los besos. Puros al principio, más pasionales a medida que pasaban los minutos. Las pocas personas que aún quedaban en la playa se encontraban lo bastante lejos del agua como para intuir lo que ocurriría bajo esta.
Con el roce de nuestros cuerpos la excitación comenzó a subir, siempre habíamos fantaseado con la idea de tener sexo en la playa, que él me manoseara y yo a él y era justo lo que estaba pasando en esos momentos. Vale la pena decir que nunca el pudor había estado presente en nuestra vida de pareja y que disfrutábamos mucho más cuando se nos presentaba momentos únicos y diferentes.
Metió su mano bajo mi vestido de baño, rozando todo lo que encontraba a su paso  y provocando en mí pequeños gemidos que se mezclaban con el sonido del mar y, que sin pensarlo, estos se hacían más y más intensos.
Abrí las piernas para sentirlo dentro de mí y noté cómo lentamente su pene se iba poniendo cada vez más grande. Sus dedos prepararon el camino para la penetración.
Con las piernas alrededor de su cintura y los brazos firmes en su cuello, él me penetró con calma. No había prisa, simplemente disfrutar la experiencia, compartir nuestro placer y cumplir nuestra fantasía.
Ayudada por mis brazos y piernas, subía y bajaba por su erección, notaba cómo sus manos apretaban fuertemente mis nalgas. Solo éramos él y yo y unas ganas incontrolables de satisfacer nuestros más bajos instintos. La tarde caía y el calor no hacía más que ascender, apenas lográbamos mitigar las ganas de que una nueva oleada nos zarandeara.
Las olas fluían y nosotros con ellas. El movimiento ligero del mar en calma nos mantenía unidos, en movimiento, en sintonía. Nos gozábamos cada minuto, nuestros cuerpos bailaban y disfrutaban con miradas intensas y sonrisas traviesas. ¡No lo podíamos creer!
Sus manos se aferraron con fuerza a mis muslos, cabalgué con tantas ganas que el placer aumentaba sin hacer mucho esfuerzo, solo confiar en él y poder extraer cada gota de placer.
Estábamos exhaustos, la noche llegó y dejamos que nuestros pies nos llevaran hacia la orilla, ya habíamos preparado el terreno para lo que ocurriría en la habitación de nuestro hotel.
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Comentarios

bZVwpcuMYve - marzo 9, 2020

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PRlbLsYxOWFeJqUA - marzo 9, 2020

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BlQqzpPSvyEmn - febrero 13, 2020

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kOnEbjWUBA - febrero 13, 2020

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UycJDwhGHxpS - febrero 9, 2020

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rCfgTDAUQH - febrero 9, 2020

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Monica Barbosa - febrero 4, 2020

Me encantooo!

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